10 COSAS QUE YA NO COMPRO

Es una entrada bastante generalizada entre blogs y canales minimalistas y al ver a otras personas comentar cuales son las cosas que ya no compran desde que han adoptado este estilo de vida, me he puesto a reflexionar cuales son las que no compro yo.

1. Compresas, tampones, etc.

Cómo os decía en la entrada sobre la copa menstrual, ya no compro nada de esto. Nunca fui muy fan de los tampones y solo los usaba cuando no quedaba más remedio, pero todos los meses tocaba comprar los correspondientes paquetitos de compresas y demás. A día de hoy ya no compro nada de esto, lo que me supone no solo un ahorro de dinero todos los meses sino que además le supone un ahorro de residuos al planeta. No cambio mi copa mestrual y compresas de tela por nada del mundo.

2. Maquillaje.

Nunca fui una persona de maquillarme mucho. Solía hacerlo los días que salía de fiesta que igual era uno al mes y poco más. En el día a día no me maquillaba nunca porque la pereza era demasiada. Eso sí, tuve una época en la que me enganché mucho a los canales de belleza de youtube y gasté bastante en maquillaje. Maquillaje que por cierto, acabé regalándole a una amiga totalmente nuevo porque no lo había usado ni una sola vez cuando descubrí el minimalismo. Pequeño ejemplo de lo que la publicidad puede empujarnos a hacer. Ahora tengo 4 cosas de maquillaje y hace más de un año que no compro nada.

3. Cremas.

Mi cuerpo odia las cremas. No las absorbe. ¿Por qué? No tengo ni idea, pero da igual que le eche una crema de la marca “x” que sea de la marca “y” que mi cuerpo no lo absorbe. Se me queda una fina película y al ducharme tengo que frotar con ganas para quitar la crema. Si a eso le sumamos que me da una pereza máxima usar cremas, que sinceramente no las necesito porque no hay nada que le puedan aportar a mi cuerpo que me interese y que la mayoría de ellas son un fraude y un saca euros, la solución ha sido no comprar más. Al final puede que mi cuerpo sea super inteligente y al no absorberlas lo que me esté diciendo sea “a ver, bonita, no tienes ningún problema de deshidratación por lo que deja de sucumbir a carteles publicitarios donde te venden mejoras constantes de tu cuerpo a través de cremas cuando suele ser mentira y además, ¿estás contenta con tu cuerpo, no? pues deja de hacer el panfilo”.

Es una adicción. Hay cremas para todo, problemas reales y problemas irreales y al final sucumbimos buscando ese ideal de belleza que nos venden y que es inalcanzable. Amemos nuestros cuerpos como son y que le den a la industria cosmética. Y mejor no hablamos de testarlas en animales.

Hace más de 1 año que no compro cremas, de hecho puede que haga dos porque además tenía una colección bastante importante de ellas (probad a coger todas las que tengáis y ponerlas en el suelo por categorías. Ayuda a hacerse una idea del problema de acumulación que tenemos). En principio me obligué a usarlas para acabarlas. Luego me di cuenta de que era absurdo porque era algo que odiaba y muchas las regale y otras las tiré. No las echo de menos ni las necesito en mi vida. Más dinero para mí, más amor propio y menos residuos para el planeta.

De verdad, en este tema nos venden mucho la moto y la presión que depositan sobre nosotros para que compremos es brutal. Yo tengo estrías, en ambas piernas, varias, y he decidido que son bonitas y que les dan personalidad. También tengo un montón de marcas de acné. Me gustaría que no estuvieran, pero ahí están y he aprendido a convivir con ellas. Y si la industria cosmética quiere venderme que son feas, antiestéticas y necesito quitarlas, es su problema, que se gestione porque yo no tengo ningún problema con ellas.

Mi cosmético de cabecera ahora es el aceite de coco. Bueno, y la crema solar.

4. Libros en papel.

No era consciente, hace casi 1 año, cuando compré el Kindle, de la maravillosa compra que estaba haciendo. Eso sumado a mi modo de ver ahora los libros, ha tenido como resultado no comprar más libros en físico. Compro en formato digital y uso mucho la biblioteca, pero nada de libros físicos. De hecho, la última vez que un libro físico entró en mi vida fue en septiembre, cuando me compré “Vegetarianos con ciencia” (del que he escaneado las páginas que me interesan y lo tengo en una caja para llevarlo a donar junto con otros libros).

Me encanta leer y llevar siempre algún libro conmigo pero tenerlos en físico supone ponerme una especie de cadena que limita mi libertad de movimiento por lo que el libro digital se ha convertido en mi nuevo mejor amigo.

5. Papelería.

Imaginaros lo que era para una amante de los colorines entrar en una papelería. La perdición. Ahora, por motivos de ecología no compro absolutamente nada que no sea totalmente necesario. Tengo dos libretas y los bolis, rotuladores, etc que tenía acumulados hasta ahora y voy usándolos poco a poco. Cuando se me acaben intentaré sustituirlos por alguna herramienta digital y en caso de no poder hacerlo los compraré, pero solo cuando acabe los que ya tengo.

Este es uno de los aspectos en los que más acumulamos sin darnos cuenta y en el que el hecho de que algo sea bonito nos hace tener la necesidad de comprarlo.

6. Accesorios.

Pendientes no compro desde hace muchísimo tiempo porque no los uso. Me da pereza poner pendientes por lo que es una pérdida de dinero absoluta. Collares y pulseras es algo que uso más pero de modo muy esporádico y con los que tengo puedo cubrir mis necesidades “accesoriles” para toda mi vida. Es el apartado en el que mejor he aprendido la regla de: “más calidad que cantidad” y tengo claro que si algún día me compro algún collar, pulsera o pendiente porque los vaya a usar será algo bueno, a ser posible artesano para apoyar a los pequeños artesanos y que cumpla todas mis expectativas y pueda usar siempre. Adiós a la bisutería del Primark que dura dos días.

Tampoco compro bolsos. Desde que compré la mochila hace un año es lo que uso a diario junto con un bolso que tengo pequeño para los días que llevo menos cosas. Quiero tejerme ahora una mochilita pequeña para poder sustituir también ese bolso porque me siento más cómoda con la mochila y además me permite rechazar todas las bolsas que me ofrecen cada vez que compro algo.

7. Elementos de decoración.

Ikea ha perdido a una futura gran compradora porque cuando me independizara iba a arrasar. Es cierto que tampoco compraba muchos porque no me daban los dineros para gastarlos en elementos de decoración pero tenía una gran lista de deseos y de vez en cuando si que caía alguno. Ahora, mis elementos de decoración son las cosas materiales útiles que tengo. Nada más. No concibo tener en mi vida un objeto cuya única función sea decorar. He aprendido a saber ir por la calle, por las tiendas o por las casas de otras personas, ver algo que es bonito, apreciar su belleza y no tener la necesidad de poseerlo. Cuesta separar belleza y posesión pero cuando lo consigues, el beneficio es muy grande.

Además, para lo único para lo que me servían era para desesperarme a la hora de limpiar.

8. Merchandising.

No tengo mucho. Tengo unicamente un funko de Nemo que fue un regalo y un peluche de Nemo y una taza de Sherlock Holmes. La taza cumple su función y aunque el peluche y el funko no la cumplan es algo que me gusta y que me hace feliz verlo (probablemente el peluche se acabe yendo). Al margen de eso no compro ningún tipo de merchandising: velas, funkos, muñecos, tazas, marcapáginas, agendas, etc. Todo lo que os podáis imaginar. Nada. Cero. Pero no es solo que ya no lo compre, es que no lo acepto tampoco cuando me lo dan gratis. Me paso el día rechazando cosas y diciendo que no, es algo que he comprobado últimamente, pero es que no es algo a lo que yo le vea que tenga un sentido en mi vida. Creo que me roba tiempo, espacio y libertad de movimiento y para mí esas cosas son más importantes que tener 20 figuritas de mis series favoritas.

9. Velas aromáticas.

Fin a las velas. Las usaba una semana y acaban perdidas en el baúl de los recuerdos. Acaban perdidas o abandonas porque o bien no encontraba un momento para encenderlas o bien me daba pena porque se gastaban. Eso unido al hecho de que me parecen un desperdicio de recursos absurdo, hizo que decidiera no comprarlas más. Las solía usar sobre todo cuando hacía yoga para crear ambiente pero a mí y al planeta nos sale mucho más rentable que cree ambiente con música relajante.

10. Dvds, Cds, etc.

Todo lo que tenga un formato digital, como son las series, las películas o los videojuegos si comprase, lo compro todo en formato digital. En este aspecto es donde más noto que mi mentalidad ha cambiado porque veo una carga comprar estas cosas en formato físico y ni por lo más remoto se me pasaría por la cabeza hacerlo. He aprendido a dejar de valorar las cosas materiales por su aspecto corpóreo y valorarlas por lo que me puedan aportar y una película o un disco, me aporta lo mismo en formato físico que en digital con la única diferencia que en formato digital no ocupa espacio, no hay que limpiarlo y puede ir siempre conmigo. Creo que es una regla que se aplica a cualquier área: si tengo de un mismo elemento un formato físico y un formato digital, ni lo dudo, siempre elijo el formato digital.

Una vez más quiero dejar claro que esta es mi opinión y las cosas que yo he dejado de comprar porque para mí no tienen sentido. En ningún momento quiero dar a entender que comprarlas es de ser tonto, o tirar dinero, etc; no, cada uno valorar lo que aporta valor a su vida. Para mí estas cosas ya no aportan ningún tipo de valor y he dejado de comprarlas. Con esta entrada quiero reflexionar yo misma sobre mis hábitos de consumo y si además logro que alguien se replantee si de verdad merece la pena que siga comprando “x” objeto que realmente no le aporta nada y lo hace solo por seguir la corriente o en piloto automático, pueda dejar de hacerlo.

Y ahora inspiradme vosotros, ¿qué cosas ya no compráis?

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